Me gustó mucho leer los cuentos de Rulfo. Cuando lo leí por primera vez, no supe explicar
porque me gustaba su estilo, pero me dio una sensación fuerte de desesperanza. Luego con
un análisis más profundo, me pude dar cuenta del trabajo laborioso de este autor y eso lo hace
aún más interesante. Usa muchos modismos, lo que hace que sus cuentos reflejen de manera
muy auténtica el México rural de los años 50. Las descripciones que usa para construir sus historias
nos permiten visualizar, sentir y hasta escuchar lo que está pasando en el cuento.
Rulfo te da una sensación de conocer la vida del campo aunque sea una realidad muy lejana a la tuya.
Me hizo pensar mucho en la vida de mi abuelo, que vivió en el campo. Es ahí donde creció hasta los 13
años cuando decidió irse de la casa. Según lo que me cuenta mi abuelo, tengo entendido que la vida
del campo es difícil, pero siempre fue una realidad muy abstracta para mi. Y claro, es diferente de una
época a otra o de un país a otro, pero de alguna manera se pueden encontrar similitudes.
Con las dos historias que leímos, entiendo mejor estas realidades y se siente mucho ese fatalismo
relacionado con las dificultades de vivir en el campo.
Primero, en esque somos muy pobres, me sorprendió mucho el hecho que sea un niño
quien narra la historia y también la manera tan natural en la que cuenta las cosas trágicas
que le han pasado a la familia. Como si por el simple hecho de ser pobre, te pasaran cosas
malas y no hubiera nada que hacer.
Por otra parte, en diles que no me maten, sentí un poco de compasión por el personaje principal. Fue un fugitivo toda su vida, teniendo que vivir siempre con miedo. Nunca fue feliz, nunca estuvo tranquilo. Ahora de viejo tiene que rogar por su vida y se aferra a ella como puede aunque al final no le sirva de nada.
Aucun commentaire:
Publier un commentaire